Deporte para el Feminismo por Karla Pérezgil

Deporte para el Feminismo por Karla Pérezgil

En el marco del día internacional de la mujer, me parece fundamental reflexionar sobre la equidad en el deporte, y, entrando de lleno al tema, considero que no solo se trata de buscar las mismas oportunidades para desarrollarse en todas las facetas del ámbito deportivo, en donde las mujeres han encontrado obstáculos y barreras establecidas por los estereotipos culturales, sino que hay aspectos de tremenda profundidad que urge incluir en la conversación.

Con esa intención, recurrí a escritos de mujeres deportistas, estudiosas del feminismo y mujeres activistas. Entre ellas, me encontré con una entrevista a Matilde Fontecha, académica en la Universidad del País Vasco, respecto a la educación física y su didáctica, quien argumenta lo siguiente:

“La tradición judeo-cristiana ha negado a las mujeres el placer corporal en general y, en particular, el del cuerpo en movimiento.”

 Y seguido a ello, “el patriarcado ha entendido la importancia de impedir que las mujeres desarrollen su competencia motriz; no se ha despistado al suponer que la actividad física es una herramienta para la libertad integral de las mujeres.”

Crecí en una familia católica, que aunque poco practicante, fui educada bajo los valores de dicha religión. Estudié en una escuela en la que se rezaba al inicio de cada jornada, y las celebraciones siempre incluían una misa.

Aún así, la naturaleza curiosa de mi madre buscaba sus propias respuestas impartiendo catecismo, con lo que propuso a sus hijas cuestionarnos la religión. Así fue que las tres hermanas nos desvinculamos tiempo después de la iglesia y sus preceptos.

Aunque rodeada de un ambiente que se jactaba de libre para cuestionar y debatir, hija de una mujer empoderada y dominante, aprendiendo a ser mujer en un ambiente supuestamente “progresista”, crecí coartada por ideas tras generacionales tan arraigadas, que arrancarlas de raíz ha sido una labor constante en mi vida. Y en ese trabajo personal, el deporte ha sido un gran aliado. Con base en la relación íntima que vivo con dicha pasión y la lectura de preparación para este escrito, es que me atrevo a hacer una propuesta al movimiento feminista:

Los temas más significativos que considero necesario incluir en la agenda del movimiento, podrían agruparse en cuatro puntos:

  1. La discriminación de las mujeres en las instituciones deportivas. El trato que reciben las niñas y las mujeres en el mundo del deporte es ya impensable en otras esferas sociales, e incumple las leyes de igualdad. La mayor discriminación recae en las deportistas que se encuentran en situación de sumisión, pero también afecta a otras mujeres pioneras en desarrollar su profesión en el ámbito deportivo: entrenadoras, árbitras, médicas, fisioterapeutas, técnicas, directivas, etc. 
  2. El papel que juega el deporte mediático en la discriminación de las mujeres en dos aspectos. El primero: el deporte es la ventana de la ausencia de las mujeres, sosteniendo la idea de que el rol de deportista es solo de hombres. El segundo: las pocas mujeres deportistas que aparecen en los medios, no suele ser por su competencia y logros deportivos, sino por la belleza de su cuerpo, lo que refuerza el sexismo que estamos viviendo en toda la sociedad.
  3. El acoso y abuso sexual contra las mujeres en el mundo del deporte es mucho más habitual de lo que se quiere hacer creer. Está normalizado, se comete con impunidad, se cubre e incluso se niega su existencia.
  4.  Y por último, la importancia de la competencia motriz para el empoderamiento de las mujeres. Y en este punto es en el que me quiero detener un poco.

Si tratamos de establecer algunos vínculos entre los aspectos que limitan la competencia motriz de las mujeres, aparece un claro hilo conductor: el placer. Como menciona Matlide Fontecha, el placer ha sido negado a la mujer por la tradición judeo-cristiana. El placer corporal en general y, en particular, el derivado del cuerpo en movimiento.

“Porque, el deporte es cuerpo, pero nunca ha sido cuerpo de mujer.” El cuerpo de mujer es otro cuerpo, es el que soporta el peso de la cultura que le limita las posibilidades corporales y vitales.

El feminismo ha defendido la necesidad de tomar el control de nuestro cuerpo y, gracias a eso, hemos avanzado en los derechos sexuales y reproductivos. Sin embargo, poco ha enfatizado respecto a la importancia del conocimiento y control corporal, y por lo tanto, la capacidad motriz como parte indispensable de la identidad y autonomía de las mujeres.

Se ha defendido mucho la idea de que si la mujer no es dueña de su propio cuerpo, no es posible derribar la desigualdad estructural, pero no podemos dejar de lado que en este ejercicio de apoderarse del propio cuerpo, de lograr la autonomía corporal, es indispensable el desarrollo motriz. Como resultado, se puede alcanzar la libertad de movimiento y el derecho a disfrutar; dos aspectos estrechamente relacionados.

Las mujeres han demostrado históricamente su competencia motriz en infinidad de tareas domésticas y laborales, que han dejado clara su destreza en actividades que requieren un alto nivel de coordinación y el desarrollo de la fuerza, la resistencia o la agilidad, pero el problema surge cuando quieren poner en práctica esas mismas habilidades corporales para hacer deporte, sobre todo, los tradicionalmente masculinos.

En absoluto voy a quitar mérito a la formación de las mujeres, que ha sido la llave de la puerta principal hacia la igualdad, pero algo está fallando. Solo con el desarrollo intelectual no es suficiente.  De acuerdo a M. Fontecha, la batalla de la igualdad se está perdiendo en el cuerpo, a través del cual se sigue controlando a las mujeres, y es el momento de plantearnos nuevas estrategias de empoderamiento que supongan adueñarse de su cuerpo en sentido integral. Para ello, aunado al desarrollo de la competencia motriz, habrá que poner el énfasis en rebajar los niveles de feminidad, romper con ese modelo de belleza que nos está ahogando, con la maldición de creer que solo podemos ser queridas por la imagen que proyecta nuestro cuerpo. En paralelo, “romper con ese anhelo de gustar que implica derrochar tiempo, dinero y energía, así como soportar altas dosis de incomodidad y sufrimiento en la persecución de un sueño.”

Se orienta a la niñas hacia la práctica de actividades que elevan la feminidad y que implican más disciplina que diversión, como la gimnasia o el patinaje artístico. El cuerpo de mujer también está diseñado para la actividad deportiva y caminar, correr, jugar, practicar deportes de lucha o combate, de equipo, esquiar, bailar, remar, nadar, pasear en bicicleta o competir, puede ser una experiencia positiva a la que no tienen por qué renunciar o no considerar “para ellas”.

Finalmente, considero que uno de los retos que tenemos por delante, es que las mujeres realicen actividades físico-deportivas para divertirse, que descubran el gozo de jugar y competir. Esta es la mejor manera de desarrollar la habilidad motriz y lograr la apropiación del cuerpo, siendo, como se mencionó previamente, una herramienta esencial para el empoderamiento, la libertad y el disfrute; derechos a los que se nos ha educado a renunciar.

Para lograr relaciones de equidad, hay que empezar por conquistarnos a nosotras mismas.

@kperezgil

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