La Magia Lírica en el Deporte por Karla Pérezgil

La Magia Lírica en el Deporte por Karla Pérezgil

Soy una persona amante de la radio y la palabra, y especialmente en estos meses de encierro, la radio ha sido mi más cercana compañía. Aunque muchos dirían que esa característica me hace formar parte de la población en riesgo, lo asumo con gusto.

Escuchando a Paulina Chavira (asesora lingüística y periodista), así como a conocidos cronistas deportivos, me doy cuenta que existe una magia y fiesta en la mezcla del lenguaje y el deporte.

Por ahí leí que el idioma y el deporte constituyen formas abundantes de inteligencia y libertad. En ellas, la combinación ilimitada lleva a la creatividad; la originalidad se alimenta de la emoción y la competencia equivale a una fiesta capaz de reunir el pensamiento colectivo de los pueblos, y de convertirse en un momento para producir arte.

Las canchas y los recintos del deporte reúnen la alegría de las tribunas con la pasión de los deportistas. Cada evento es único, se crean situaciones imposibles de repetir que parecen impuestas por el destino, lo cual lo hace apasionante. Si nada se “pusiera en juego”, el deporte competitivo perdería su sentido. En el futbol, el balón es la expresión del azar. Cuando el balón rueda, nada está previsto: es como una ruleta que “en su rodar, cualquier destino es posible”

El narrador deportivo forma parte de la fiesta. Es, -especialmente en la radio en donde no hay apoyo visual-, el primer testigo y el guía para que la palabra salte los límites del estadio o la pista, y se desparrame por calles y avenidas en un juego artístico de emoción colectiva, que busca sacar lo mejor de la gente hacia un fin común. Una misma pasión.

Convierte el movimiento en la palabra. Los jugadores o atletas son una especie de superhéroes que en su desempeño ponen a prueba su ingenio y destreza, y la función narrativa es fundamental, pues vuelve el acontecimiento deportivo en algo excepcional. Se magnifica el ambiente festivo con su descripción lírica y emotiva, y la relación que se establece entre los deportistas y la afición se hace mucho más fuerte e intensa.

Para que el jugador o atleta se convierta en un estereotipo del héroe popular, es necesario que su imagen se consolide en una leyenda, en un relato ejemplar. Es la historia de una persona ordinaria y anónima que, sin privilegio de nacimiento, se hace notar y es capaz de construir una historia por sí mismo. Sobresale por sus acciones excepcionales y en esto radica su poder de fascinación. Sin embargo, cuando estas historias son explotadas por las narraciones artísticas de los locutores, se revela al “hombre común”, pero se resalta el misterio de sus triunfos, su éxito y sus capacidades únicas. Y en todo superhéroe, por naturaleza, debe haber misterio.

Y así, el narrador también es un héroe en su manera. Hay quienes convierten una hazaña en un verso. Es imposible olvidar los poemas del “Mago” Septién, considerado el mejor cronista de beisbol en nuestro país: “Ellos son los hombres nuevos que arriban a la luz y recogen la antorcha dejada por las estrellas que diluyeron el crepúsculo” o “La gloria es un veneno que se debe tomar a gotas”.

Otros, añaden palabras al diccionario deportivo, e incluso al popular, como “El Perro” Bermúdez y su “zambombazo”.

También están aquellos que en la emoción dejan el alma, como la narración del gol de Maradona contra Inglaterra en 1986 por Víctor Hugo Morales, o las diferentes crónicas alrededor del mundo de la anotación de Messi contra el Atlético de Bilbao.

El deportista crea alquimia en la pista o la cancha, y el buen cronista la palabra mágica que deja marca en los aficionados y las memorias históricas.

A todos ellos, mi mayor admiración y agradecimiento por crearnos un mundo de magia e ilusiones.

@kperezgil

Foto: Cortesía

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